“La hipocresía es el acto de pretender constantemente tener creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades, o estándares que uno en realidad no tiene. La hipocresía es así un tipo de mentira.
La hipocresía puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales, o sentimientos. La hipocresía no es simplemente la inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace.
Para el lingüista y analista social Noam Chomsky, la hipocresía, definida como la negativa a "...aplicar en nosotros mismos los mismos valores que aplicamos en otros",1 2 es uno de los males centrales de nuestra sociedad, que promueve injusticias como la guerra3 4 y las desigualdades sociales en un marco de autoengaño, que incluye la noción de que la hipocresía por sí misma es una parte necesaria o benéfica del comportamiento humano y la sociedad.5 6
En muchos idiomas, incluido el francés, un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad.”
Cerdos. No sois más que cerdos. Os ocultáis tras un manto de mentiras e indiferencia para que no podamos veros la cara en la obscuridad y ponzoña que vosotros mismos segregáis para recubrir vuestros hipócritas rostros. Vuestras mentiras reales. Pensáis que todos somos como vosotros. Mentes perdidas deambulado en un mundo de consumismo y sin razón en el que todos parecéis clónicos derivados unos de otros. Al fin y al cabo, ¿qué elegís en la vida? ¿Una chaqueta en Zara? ¿O en el Pull & Bear? Quizás… ¿Un pantalón en Mango? ¿Un Bolso en Stradivarius? Luego es natural que se vean con semejantes que portan prendas iguales. “Esa zorra me ha copiado la camiseta”, “Ese pavo lleva la misma chupa que tú, tío.” NORMAL. A veces me gustaría gritar. Gritar fuerte. Hasta desgarrar el alma con la sonoridad del silencio. Para que abráis los ojos. Para que empecéis a pensar por vosotros mismos. Para que no seáis como clones, o como perros famélicos detrás de un hueso. Algunos pensarán que no debería hablar de esto por comprar ropa en estas superficies y sí. Precisamente por esto debería hablar de ello. Porque lo he vivido. Porque lo he experimentado. Porque lo sé. Y sí. Resulta que al final la ropa que menos problemas da es la más cara, y sí, también justamente la mas “andergraun” y que menos tíos se pondrían. La ropa cantosa. Pero no hablemos de ropa, puesto que no era el tema en cuestión de este escrito.
¿Dónde más podemos hallar hipocresía en esta sociedad? Este sólo ha sido un ejemplo. Veamos algunos más con cierto detenimiento:
En este mundo mundano, valga la redundancia, podemos ver, por ejemplo, judíos que ahora, después de pasar por algo que no se le desearía a ningún pueblo del mundo, salvo a ellos, por supuesto, se dedican a pagar a la humanidad que no tuvo culpa de nada, absolutamente de nada, con la misma moneda que hace ya tantísimos años recibieron ellos mismos. Y es curioso ¿no? No creo, al menos a nivel personal, que se les expulsase continuamente de sus lugares de asentamiento por su afabilidad y aires de bonachón. ¿O sí? Jajaja No, en serio, ni de coña.
Más ejemplos queridos lectores. Ni que decir tiene que este país está lleno de ellos. Etarras que se visten de flamencas, etarras que por las noches cantan el cara al sol… pero no pongamos a caldo a la ultra izquierda más radical e ida de olla, ya que tampoco es mi intención; pues también, desgraciadamente, podemos apreciar en las noticias gente bobalicona como Belén Esteban A.k.a. “La princesa del pueblo” ¿Se puede saber, por favor, inútil analfabeta, retrasada, cocainómana, y, ni que decir tiene, más fea que cagar pa’ arriba con un ventilador debajo de las pelotas, quién cojones fue el desneuronado disléxico que te puso ese nombre? Princesa del pueblo… Una polla como una olla. Princesa del fracaso y pérdida de categoría de persona. Para empezar deberías aprehender (Sí, con h porque me sale de las pelotas, búscalo en google si dudas de su existencia [Zas! En el cielo de la boca] a ver que me desvío…) Sí, eso, aprehender algo de cultura general hostias. Historia universal o de Asspain para empezar te sería muy pero que muy beneficioso la verdad. Pídele a Andreíta A.k.a. “Yo por mi hija mato, ¡Ma-to!” que te imparta un par de clases gratuitas. Seguro que sabe más que tu y tu puta madre juntas.
Podría parar aquí pero siento que no es suficiente. Mmm… Zp por supuesto, mucho minero tal minero cual, pero, cuando los pobres vana pedirte cuentas, no les dejas entrar. ¿Verdad salao? Y luego nos jodemos los demás parados en el piquete dos horas y media. Rajoy, “líder” de la oposición. No te jode líder porque no hay quien te mueva. Y de la oposición… Lo que sí eres líder, en realidad, es en hablar mucho y no decir nada, y en joder al personal metiendo el dedo en la llaga para no aportar nunca soluciones. Dos hostias habría que darte…
Y así podemos seguir indefinidamente, pijas que van de neohippies bohemias… ¿A que no sabeis la procedencia del “símbolo hippie” que en realidad simbolida pal por la unión de las siglas ND? ¿Que no sabes qué significan? Nuclear Disarme. ¿Curioso verdad?
Crías que se hacen las borrachas y fuman pitos y lo que no son pitos (y, a veces, no es que los fumen que digamos) por hacerse las chachipistachi de su grupo y las molamazo.
Revistas para niñas de 12 que regalan condones. Vuelve a coger las muñecas joder. Que no son edades nena…
Series de televisión que hacen que el instituto parezca ir a clase por ir para por la tarde y noche salir drogarse y follar…
Podría seguir indefinidamente pero esto podría hacerse eterno: vendidas, fallos, mentiras, secretos que todo el mundo sabe, prohibición, mal información, temor, asustar…
¡Cojed un puto libro de una vez joder!
To: Cipotito Al Cabrales.
"El Cerebro no es un Vaso, que puedes LLenar. Si no una Luz, que debes Encender."
martes, 5 de octubre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
Autumn
Me muero de ganas. De putas ganas. Quiero volver a oler la hierba fresca, el olor del agua mojando el asfalto mientras llueve. Oír el repiqueteo de las gotas contra las ventanas y la persiana chocando por sus raíles azotada por el viento que la mueve sin cesar impidiéndote dormir. Sentir el frío en el cuerpo. Ver la noche a las 7 de la tarde. Desgastar las suelas arrastrándolas por una alfombra de rojos marrones y verdes que las hojas forman al pasar. De volver a ver a la gente, de salir de fiesta otra vez como es debido y de volver a hacer espichas. Me muero de ganas del puto otoño ya. Aguantemos 12 días más…
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Para Olaya.
Me gustaría ser una diva. No una diva de esas de paparazzi y fotos, ni una de esas divas de televisión que se han hecho famosas por chupársela un torero, príncipe o futbolista. Quiero ser anónima. Y tú sabes de lo que hablo. Esas mujeres bellísimas que esperan sentadas en bancos o de pie en una esquina porque apoyarse en la pared es demasiado vulgar para su glamour mientras fuman un cigarrillo haciendo disimuladas oes con cada calada aspirando el aire contaminado de nicótica y otras mierdas notando como penetra en sus pulmones llenando su cuerpo haciéndolas sentir grandes y libres y luego lo expulsan echando de sí toda preocupación y problema que les atañe mientras ven pasar a la gente. Cada persona las mira de distinto modo, ellos se preguntan qué deberían hacer para hablarle o, solamente los más valientes, cómo podrían arrancar una sonrisa de esos labios perfectos y tan sensualmente coloreados que mas que sujetar el cigarrillo parece que lo miman. Y ellas, la miran admiradas, admiradas de tanta belleza, de tanta perfección junta, y algunas, las más cobardes, envidiosas de no tener lo que ella ha conseguido y no se la juegan por ganarlo a pulso.
Sin embargo, aquí me tenéis a mí. Captando toda la atención de esa chica de la esquina. Esa que está haciendo oes con un cigarrillo de Omè, si hombre de esos alargados y más estrechos. ¿No la ves? Ahora. Pues eso, no deja de mirarme. Me mira con ojos de fascinación, de admiración incluso, ve como hago malabares con las vueltas que da la vida representadas en estas 3 pelotas que sostengo y lanzo al aire una y otra vez. Y sé que por un momento soy lo único que existe para ella. Aunque nunca se valla a fijar en mí.
Esto es lo que ha salido de tu tablon ;)
Sin embargo, aquí me tenéis a mí. Captando toda la atención de esa chica de la esquina. Esa que está haciendo oes con un cigarrillo de Omè, si hombre de esos alargados y más estrechos. ¿No la ves? Ahora. Pues eso, no deja de mirarme. Me mira con ojos de fascinación, de admiración incluso, ve como hago malabares con las vueltas que da la vida representadas en estas 3 pelotas que sostengo y lanzo al aire una y otra vez. Y sé que por un momento soy lo único que existe para ella. Aunque nunca se valla a fijar en mí.
Esto es lo que ha salido de tu tablon ;)
sábado, 21 de agosto de 2010
Vita brevis.
La vida no es más que un camino. Eso está más que claro, por supuesto. Un camino recto que empieza el día en que se nos concibe y termina desembocando en un camino mayor cuando vamos a morir. El camino de la memoria. Sin embargo este camino de nuestra vida no va a ser una recta idealizada, oh, por supuesto que no. Sería demasiado fácil, ¿no creéis? Total un gilipollas que se llama destino se encarga de amenizar nuestro caminito. Le pone curvas, intersecciones, encrucijadas y, cuando esto no le resulta suficiente, o se aburre más de la cuenta puede tirarnos una roca en el camino para obligarnos a sortearla. Las encrucijadas e intersecciones representan nuestra toma de decisiones, desplegando un árbol lleno de posibilidades y probabilidades que definirá nuestra vida y el futuro lejano y a la vez totalmente inmediato a la toma de dicha decisión. Por otro lado la piedra es un obstáculo que otros ponen en tu camino. O que aparece de forma súbita. También podría ser, no vamos a ser totalmente pesimistas y descartar semejante posibilidad. Total que hay una piedra en tu caminito. ¿Opciones? Bueno, podemos comenzar con la que sería la más sensata. Es decir la ves desde lejos. Desde tu seguridad y a medida que te acercas a ella sopesas por dónde podrías esquivarla mejor si por la derecha o por la izquierda, claro, aquí tienes más posibilidades. Tras sortearla sigues para adelante, en busca de otra encrucijada, o de otra piedra, y, a veces, en busca del camino del memorándum. Y luego tienes mi opción. Tú, que eres terco como una mula sacas un mazo pilón del bolsillo del pantalón y la emprendes contra la puta piedra que se interpone entre tú y el final de tu camino sin piedad, hasta que el mayor fragmento de ella que quede no sea mayor que una mota de polvo. Sí, obviamente te supone un tiempo muchísimo mayor que las otras opciones. Pero cuando has terminado no queda ningún rastro del problema y, si lo hay, es tan sumamente efímero que no merece la pena siquiera darle importancia. Así que con esto y unas lembas. Adelante, como los de Alicante, y sigue tu camino al memorándum post mortem.
viernes, 30 de julio de 2010
Concurso literario 2.
La ventana se rompió en un sinfín de pedazos que saltaron al suelo haciendo un ruido que le pareció tan estrepitoso como una mazmorra de torturas del Tribunal del Santo Oficio allá por su época más radical. Levantó el cuerpo de la misma y entró en la casa, tras un fugaz vistazo se dio la vuelta y la ayudó a entrar. Cuando entraron dentro de la casa y encendieron las linternas la observó curioso. Le fascinaba el contraste enorme entre esa casa abandonada y ella. Sus zapatillas de tela negra rotas, sus vaqueros de pitillo, su sudadera de color rosa, nada tenían que ver con aquella casa. Entraron al comedor donde, encima de la mesa de color caoba un enorme CANDELABRO que descansaba testigo de tantas y tantas cenas y comidas familiares que allí debieron celebrarse. Volvió a mirarla, la idea de entrar en una casa abandonada le excitaba y aterrorizaba al mismo tiempo. No podía quitarse de la cabeza la idea de que la policía les descubriera y acabasen por dormir en comisaría. Pero en seguida descartó semejante ocurrencia. Pensó que si creía eso les cogerían seguro. Subieron al piso de arriba y entraron en una habitación. Por el contenido de los cajones y el armario dedujeron que había sido de un hombre, una GABARDINA negra, gruesa como nunca antes la vio, descansaba colgada de un perchero en una esquina. Un cortapuros yacía apoyado en un reloj de muñeca con un estuche de habano a unas pocas motas de polvo de distancia. Bajaron las escaleras y se dirigieron a la cocina, encima de un estante una COPA de vino se erguía, solitaria, majestuosa y a la vez imponente, como si pretendiera reinar sobre todos los objetos que en aquella sala había. La luz que entraba por las cortinas la atravesaba dibujando formas en la pared que rozaban lo subjetivo. A él una le parecía un gato. A ella un perro. Pero esto son pequeños detalles sin sentido transcendente en esta vida. Buscando su objetivo, la guió hasta el jardín. Una gran extensión de hierba y setos tan descuidados que parecía una jungla. Una jungla densa, oscura, lúgubre y sobrecogedora. Sintió que le apretaba la mano más fuerte y respondió haciendo lo propio. Finalmente, tras mucho caminar, llegaron a su destino. Encima de una pequeña loma en la que la hierba hacía un minúsculo claro, había un pequeño quiosco. Sus columnas primero cilíndricas, se elevaban sujetando el tejado donde al tocar con éste se convertían en prismas. Era difícil asegurar su color debido a la noche, pero parecía ser blanco y azul ultramar. Se sentaron en las escaleras y él la rodeó por encima del hombro y la estrechó entre sus brazos. “Gracias por estar aquí. Mira”. Señaló un RÍO de pequeño caudal que atravesaba la finca. La LUNA rielaba en sus aguas, danzando como si pretendiera hipnotizarles. Miraron arriba y la vieron llena, como nunca la habían visto, cercana, humana, casi como si quisiera acercarse tanto a ellos que pudiera acariciarles y sin embargo el sol, al otro lado del mundo se lo prohibía por celos y envidia. Tras observar las estrellas durante largo rato tumbados, con la cabeza apoyada en el hombro del otro entraron a la casa y buscaron. Buscaron sábanas más o menos limpias, e hicieron la cama, tras esto, ella le empujó encima y, despacio se despojó de su sudadera. Él la miraba embelesado, dejándola hacer y disfrutando del momento. Luego llegó su turno y ella se sentía viva y deseada deseada mientras él moría de deseos. Después, se metieron debajo de las sábanas y jugaron. Jugaron a amarse como sólo los enamorados juegan. Y así, poco a poco la luna iba avanzando por el firmamento arrollando alguna estrella de vez en cuando y eclipsando a otras con su resplandor mientras temblaba sobre las aguas del río como ella temblaba con cada vez que él jugaba un poco más. Finalmente se despojaron de las sábanas y bajaron a la cocina. Y allí, a las luces que la COPA producía en la pared volvieron a jugar al amor. Luego, agotados de tanto jugar, como niños después de pasar un día entero en el parque, subieron a la cama a dormir. Al fin y al cabo no eran más que niños grandes. Antes de dormirse él encendió un cigarrillo que fumaron compartiéndolo. Ella se quedó dormida primero y él poco después… con la colilla aún en la mano.
El jefe de bomberos vio el HUMO saliendo de la espesura y temió lo peor. Movilizó dos dotaciones completas y se dirigieron al foco. Pero si sus temores eran terribles, peores eran ahora que vio la moto aparcada en la puerta de la casa que tantos y tantos años llevaba abandonada y que ahora, sin dejar lugar a dudas de por qué, tenía una ventana rota. Las llamas afloraban por el MARCO de la puerta ya calcinada y parecía que no dejarían entrar a nadie. Tras muchas horas, bien entrado el amanecer, cuando, por fin hubieron extinguido el incendio, subieron a explorar junto una dotación de la policía para esclarecer las causas del fatal incidente. Al llegar a la habitación el corazón del jefe dio un vuelco como pocos había dado en su vida. Allí acurrucados en una esquina, dos cuerpos calcinados hasta la saciedad que se abrazaban fundiéndose en uno. Como dos rojas lenguas de fuego que se unen para formar una sola y desaparecer. Dirigió su mirada a la cama y observó detenidamente la colilla. Seguramente había sido la causa del incendio. Sobre la mesita de noche una pulsera de plata descansaba casi totalmente derretida. Una pulsera que él había regalado y que conocía bastante bien. La pulsera que regaló hacía ya dos años a su hija…
El jefe de bomberos vio el HUMO saliendo de la espesura y temió lo peor. Movilizó dos dotaciones completas y se dirigieron al foco. Pero si sus temores eran terribles, peores eran ahora que vio la moto aparcada en la puerta de la casa que tantos y tantos años llevaba abandonada y que ahora, sin dejar lugar a dudas de por qué, tenía una ventana rota. Las llamas afloraban por el MARCO de la puerta ya calcinada y parecía que no dejarían entrar a nadie. Tras muchas horas, bien entrado el amanecer, cuando, por fin hubieron extinguido el incendio, subieron a explorar junto una dotación de la policía para esclarecer las causas del fatal incidente. Al llegar a la habitación el corazón del jefe dio un vuelco como pocos había dado en su vida. Allí acurrucados en una esquina, dos cuerpos calcinados hasta la saciedad que se abrazaban fundiéndose en uno. Como dos rojas lenguas de fuego que se unen para formar una sola y desaparecer. Dirigió su mirada a la cama y observó detenidamente la colilla. Seguramente había sido la causa del incendio. Sobre la mesita de noche una pulsera de plata descansaba casi totalmente derretida. Una pulsera que él había regalado y que conocía bastante bien. La pulsera que regaló hacía ya dos años a su hija…
Categoría.

Tra sucesos como estos te preguntas si de verdad merece la pena seguir, y la respuesta es obvia, pues claro que merece la pena gilipollas. Solo que no todo va a ser un camino recto, entre rosas directo a tu destino. Recuerda que las rosas tienen espinas y a veces una de esas espinas se clavará en tu piel haciéndote sentir un leve pinchazo. Pero no pasa nada, te sacas la espinita, chupas la sangre, y ves como cicatriza y se cura. Naturalmente deja una llaga, pero siendo como es, una espinita, desaparecerá con el tiempo. Lo que te resta hacer ahora es como dijo ya un sabio de M.A.D.rid llamado Iván,
Categoría,ganar y perder,
categoría,Saber Perdonar,
categoría,es Reconocer,
categoría,evolucionar.
Categoría,saber respetar,
categoría,Poder Valorar,
categoría,siempre se puede crecer, evolucionar.
Así que a seguir adelante, reconocer tu fallo, evolucionar, perdonar y pedir perdón. Al fin y al cabo, es una estupidez hacer una montaña de un granito de arena ¿no? Eso me lo enseñó un amigo, aequam memento rebus in arduis servare mement. Y la noche ayuda mucho a enfriar las mentes... y a bajar las calenturas.
miércoles, 28 de julio de 2010
Me lo paso tan bien.
Jajajaja... Así que eres la mejor, y que me lo paso genial contigo… Puede ser. Sí. Pero a veces.
Solamente a veces.
La cuestión es... ¿qué veces?
¿Esas veces que me haces burla, me vacilas, te quedas conmigo, te ríes de mí y demás similitudes? ¿O esas veces que estamos genial, que nos entendemos y comprendemos mutuamente? La respuesta es que ninguna de las anteriores. Me lo paso bien cuando ríes, cuando lloras, cuando estás feliz, y también cuando estás triste. Cuando algo en el desayuno o las mantas de una anterior noche te sientan bien y amaneces eufórica y llena de energía. Cuando has pasado una noche de perros y el día ha sido horrible y no te apetece más que tomar una ducha y descansar. Me lo paso tan bien contigo cuando caminamos sin rumbo fijo por las calles y cuando nos sentamos tranquilamente a hablar tomando algo. Me lo paso tan bien contigo cuando no me jodes la cerveza, y más aún cuando decides echarle nestea. Me lo paso tan bien contigo cuando la cosa se pone seria y también cuando se trata de pura coña. Me lo paso tan bien cuando me das lecciones de moda y yo las asimilo con curiosidad. Me lo paso tan bien cuando me dices cómo vestirme y, aunque no te haga ni puto caso, imagine lo bien que me sentaría esa ropa. Me lo paso tan bien contigo. Sí. A veces… Todas.
Me lo paso tan bien cuando te vas sin despedirte porque sé que la próxima vez que te vea valdrá la pena despedirse aunque sólo sea con un abrazo. Me lo paso tan bien cuando me dices que me jodan y me llamas gilipollas que las lecciones de humildad que la vida me procura me parecen más amenas y llevaderas. Me lo paso tan bien cuando me das ánimos para aguantar y seguir adelante hasta el final que salvo el vacío sin necesidad de carrerilla gracias a tu fugaz pero intenso impulso. Me lo paso tan bien, tan bien contigo, cuando nos tumbamos en el banco y, mientras me das una gominola, le sacas una foto a mi ojo que te mira, tembloroso como unas hojas en noviembre y a la vez seguro y firme como un rompeolas ante la inmensidad del mar. Me lo paso tan bien contigo cuando te haces la enfadada y te pones tan borde que irritarías a San Job. Me lo paso tan bien cuando lo haces en persona que luego te de un fugaz beso en los labios en agradecimiento y mejor aún me lo paso cuando tú decides agradecérmelo un poco más. Me lo paso tan bien cuando lo haces en la distancia que no puedo hacer esto y cuando te bese lo haré con más ganas y sentido. Me lo paso tan bien… Sí. Me lo paso tan bien que repetiría todas todas.
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