lunes, 18 de junio de 2012

España.


Estoy hasta los cojones. Hasta los cojones de España. De ti patria ciega y estúpida que nunca ha hecho nada en condiciones. De tu hipocresía judicial, de que los que más culpa tienen y roban millones se van a su casa a masturbarse regodeándose en su crapulencia y ego y que gente que roba pan para poder comer dé con sus huesos entre los barrotes de una comisaría o peor aún… De que casos de importancia se tomen a verdadera coña. De que todo se lleve a cabo mal, tarde y a carrera. De tu gente pasiva que prefiere sentarse en el sillón de su salón a ver gritar en un TeleCirco a una panda de fantoches medio analfabetos que no buscan más que el lucro a base de decir babayadas. De tus triunfitos que todos vosotros propiciáis en vuestras casas y luego dan como resultado sanguijuelas que rotan de un show televisivo a otro buscando nueva sangre de la que nutrirse. De que cualquier género musical que se salga de lo tradicional lo encontréis suburbial, marginal, impuro e indigno de sonar en cualquier medio que no sea por internet. Eso sí si nos buscamos la vida. De gente que se considera artista prostituyendo sus ideas cuando debería compartirlas o, de venderlas, no hacerlo a un precio abusivo. De que gente con menos estudios que yo gane 30.000 machacantes anuales y yo esté aquí haciendo números para poder llegar a fin de mes. De esos apatrios y liberales que reniegan de tu bandera pero cuando juega la selección se pintan la cara de rojigualda. De que esté mejor visto ser un paisano de sesenta y tantos años que se emborracha al llegar del curro y le pone la cara mullidita como un pan a su mujer a fumarte un canuto con un colega en un banco sin hacer daño a nadie. De que todos se crean el ombligo del puto mundo y miren antes por su propio beneficio. De que aquí para tener un curro decente o le comes la polla al jefe sifilítico de turno o tengas que ser el sobrino del mismo o el que se cepilla a su hija, hermana, o cualquier familiar. De que todo el mundo aquí va por la vida como aquel ti que dijo lo de “Aquí manda mi polla.” Y no consientamos que nos digan ni pío si es para llevarnos la contraria. De que os la suda lo que pasa mientras tengáis un plato de bazofia que llevaros a la boca. De que a pesar de existir infinidad de partidos políticos esto parezca un bipartidismo calcado al de U.S.A. Los de centro y los de derechas. De que el espíritu real del socialismo haya salido en ligueros por la ventana dejando sus huellas en el asfalto para que fuese imposible seguirle la pista. De que la homosexualidad fuera de casa la veáis perfectamente pero entre vuestras cuatro putrefactas paredes sigáis siendo tan tolerantes como hace 50 años. De que vayamos de aconfesionales por el mundo y tengamos a la Santa Madre Iglesia comiendo del pan que le damos y no precisamente migas. De que seamos el último pedo del culo que es Europa y sigamos pensando que acabaremos cortando alguna tajada del bacalao. De que nos llamen a las reuniones de esa logia llamada el G20 y vayamos sin saber que somos el lastre que tienen que levantar y no hay ninguna otra razón para que nos inviten a esa fiesta. De que las horas que yo paso leyendo por mero placer sean más que las que pasa trabajando la mayoría de la clase política. De todo. De nada. De ti. De tu pasado. Y seguramente de tu futuro. Estoy hasta los cojones, España. Y lo peor es que seguís ciegos. En vuestro sofá, mientras la polla del barbudo os sodomiza viendo a Belén Esteban y a Ramón García...

jueves, 26 de abril de 2012

Delirium Tremens


El frio de la calle congela mis ventanas y baja la temperatura de mi cuarto mientras yo en camiseta doy un respingo por el escalofrío que me deja la carne de gallina al sentirlo. La luz de un fluorescente bastante viejo que a veces parpadea ilumina un escritorio donde una estilográfica rocía un folio blanco, puro, casi angelical con pequeñas motitas de vicio y tinta negra al recargarse por unas manos manchadas de lo mismo que la manipulan cuidadosamente. Entonces la pluma comienza a deslizarse por el papel y empieza a desplegar su magia, dibujando líneas que más o menos juntas le dan profundidad a las curvas que dibujan una silueta. Delgada, con curvas no muy pronunciadas, estilizadas con el resto del cuerpo pero abundantes. Una melena. Está de espaldas, sentada abrazándose por encima de las rodillas con los pies descalzos hacia un lado. Desnuda como dejan entrever los huecos en su melena dando a entender que no lleva sostén. Es lo más natural que he visto en toda mi vida, y a la vez artificial como si no formase parte de ella, de mi vida, como si fuese de una galaxia aparte, de un mundo exterior, un ángel, por enmascararlo un poco. Me mira mientras sujeta un cigarrillo entre los dedos y me mira como sólo ella sabe con esas pupilas que tienen un efecto casi hipnótico en mi subconsciente mientras sonríe y exhala el humo después. Hablándome mientras yo dibujo su ser etéreo que poco a poco se desvanece cuando suena el despertador y yo me cago en los putos madrugones que no me dejan disfrutarla a gusto. Por suerte queda menos para sentirte cerca, real, fresca y cálida. Como cuando me muerdes el labio de esa forma que sabes que me gusta… No sé si estoy volviendo a soñar o ya me encuentro delirando… Pero estás volviendo a invadir mi mente en este preciso instante…

domingo, 29 de enero de 2012

Una cara.

Aristóteles no tenía ni puta idea con eso de los extremos. Los hombres buscamos que tengas cara de cachonda para echarte un polvo. Y para salir contigo queremos que tengas carina de ángel. Y el ideal entre los dos extremos no existe. Se llama lo que te toca. Te conformas. Y punto pelota. Necesito una cara ya...

jueves, 8 de diciembre de 2011

Humo y luces.

El sol se caía por el horizonte y las farolas se encendían al frío gélido de aquella noche en la que un joven salía a la calle envuelto en un abrigo cerrado hasta arriba. Se llevó la mano a la boca y sacó un cigarrillo. No uno normal. Uno de esos que dan risa, y que, como dijo El Fary, que te ponen bien. Caminaba deprisa, de mala hostia. Como no podía ser de otro modo. Acababa de tener una fuerte discusión con una amiga.
-¿Dónde vas con el frío que hace?
-A pensar a la calle
-¿A pensar o a fumar? No me gusta que fumes esa mierda ¿sabes? Creo que te estás enganchando.
-No soy un puto jonkie
-No he dicho tal cosa, es que últimamente te veo fumar demasiado
-Fumaré lo que crea conveniente ¿vale?
-Vale, vale, no digo nada pero… ¿Por qué?
-…
-¿No vas a contestarme?
-¿Serviría de algo?
-Prueba
-Es por ella… Otra vez, la obsesión la hierba y la botella. Todo por ella.
-¿Por ella? ¿Vuelves a la mala vida por ella?
-Eh, ¿cómo que mala? ¿En algún momento he pasado a joderme la vida? No tengo constancia de ello, nena. Pero sí, es por ella. Vuelvo a beber porque me olvido de pensar en ella, y lo hago teniéndola presente en todo momento. Es decir: Pienso en ella constantemente pero mi cabeza no es consciente, porque divaga en mundos paralelos en los que nuestros destinos se unen. Porque me lleva a un estado alterado de conciencia en el que no me duele que no pueda ser… al menos por ahora. En el que no me importa que tenga novio, porque no tengo prisa. Demasiada. 
-¿Y la droga qué?
-Esta mierda es más sana que los cubatas que te envenenan cada fin de semana. Documéntate para empezar. Y para seguir. Sí, adoro esta puta planta. Porque me hace no rallarme la cabeza, porque me lleva a un plano en el que sus ojos me alegran el día iluminando el cielo de tonos verdes. Verdes con reflejos negro azabache infinito que me hacen vagar a la deriva por el inmenso mar de dudas que me asaltan, y me guían en el camino para que llegue a mi destino: a ella. A pasar una jodida tarde con ella disfrutando cada segundo. Cada instante del tiempo que transcurre inevitablemente como una variable dimensional de los cojones que, lamentablemente, no puedo manipular. Y luego marcharme a mi puta casa fumándome un leño mientras el autobús comienza un trayecto sin fin por una carretera de esas tipo la Route 66 cruzando un puto desierto interminable sin nadie alrededor, y luego me quedo yo sólo con el conductor. No hay nada, vacío. Es en ese momento cuando él me dice que tengo que bajarme, que es la última parada. El final del trayecto. Y cuando salgo del autobús está ella. Enfrente, esperándome. Y entonces me despierto. Supongo que soy demasiado cobarde para averiguar el final…
-Eso…
-¿Eso, qué?
-Nada… No cojas frío ¿vale? Sólo espero que se dé cuenta de lo que podría vivir contigo…
-Gracias. Volveré en un par de horas; ¿has visto mi iPod?
-Está encima de tu cama, creo
-Gracias
[…]
Volveré en un rato.
Sus pasos le llevaban hacia ninguna parte, dando un paseo en círculos mientras bocanadas de humo caliente y vaho gélido surcaban su garganta haciendo que se resfriase pero todo aquello no importaba. No cambiaría su situación en ese instante. Ni por todo el oro del mundo…

lunes, 28 de noviembre de 2011

Ojos. Verdes.

Bueno pues aquí estamos otra vez delante de un puto Word en blanco buscando inspirarme, y otra vez lo primero que me viene a la cabeza es verde. Verde cannabis. Verde cogollo. Cogollos resinosos y duros como puños con sus hojas bien podadas. Pero ese no será el tema de este texto. Eso me lo guardo para el proyecto de fin de grado o la tesis quizás qui lo sa? En fin que eso, como iba diciendo verde. Dos perfectos círculos verdes sobre un fondo blanco y con dos pequeños puntitos negros que refulgen como estrellas en el cielo de la puta noche tapando incluso la luz que el satélite artificial refleja del astro rey. Otra vez pensando en lo mismo. Supongo que es porque me encanta. Porque me alegra el día con las tonterías que escribe o que hace. Claro… de lo que me entero. Porque me arranca una sonrisa recordar la última conversación. O porque todo me vale. Porque me gusta acompañarla a casa y despedirnos mientras ella busca las llaves en la mochila para abrir esa puerta que me separa de la felicidad plena. Porque la ley de Murphy está presente siempre y no deja de querer reventarme el culo. Porque creo que otra vez vuelvo a tener ese puto virus que unos llaman amor y otros tantos no tienen ni puta idea de cómo hacerlo. Pero todos disfrutan de él. Porque hacía mucho tiempo que nadie ni nada me transportaba a ese estado de felicidad. Ni siquiera esos cogollos del principio… No es lo mismo. Regocijarme en mi propia soledad pensando que el momento en el que intercambiamos nuestros alientos fue el más feliz en mucho tiempo atrás… Demasiado, ya ni me acordaba de lo que era aquello. Revivir por dentro infectándome de ese, llamémoslo equívocamente, mal que recorre mis putas venas y arterias transportando su continuo pensamiento por todo mi ser debilitando mis defensas y permitiéndome bajar la guardia al veneno con el que me ha mordido y que tanto me gusta. Deleitarme con el perfume de su cabello al acariciarlo mientras nuestros órganos olfativos están en contacto por su mínima superficie y mis pupilas se pierden en el vacío infinito de sus iris que brillan empapados de alegría como si a un crío de 5 años le dieran una piruleta. Como los míos. Es justo en ese momento cuando ambos decimos lo que deseamos oír. Y lo que tenemos que compartir. Y volvemos a sonreír. Y a sincronizar latidos prestándonos el aire para respirar. No ha pasado ni una semana. Y quiero volver a caer enfermo. Joder. Si pudiera, enfermaría de ti todos los días del año. Beraz zu , engaina ezazu beste behin.

martes, 27 de septiembre de 2011

Trenes


Tarde soleada. Ocaso naranja, como un melocotón maduro, tornando a un rojo vivo a medida que el sol decae por el horizonte dejando paso a la noche. En el fondo de la calle 3 alargadas sombras caminan despacio, Gorras planas, chándal, deportivas, y mochilas a la espalda. Uno de ellos va liando lo que parece un canuto mientras otros conversan animadamente sobre algo que hay en una libreta sostenida por el que va en el medio de los 3. La noche se va cerniendo sobre los bloques de viviendas. Los cajetines de la luz proyectan ya varias sombras simultáneas alumbrados por la luz de las escasas farolas que tiñen todo de esa luz anaranjada que tanto molesta y contamina. Mientras van hacia el lugar de reunión pintan todo lo que ven. Trazos rápidos que dejan ver un año a su paso. 1991. Así, poco a poco llegan al punto de encuentro. Allí otros 5 encapuchados les esperan, y ponen rumbo a las vías del tren. Saltan una pequeña verja, vigilando ambos lados de la calle. Una vez que se han colado, corren directos a un vagón del AVE que está aparcado enfrente de ellos y, con los botes en la mano y los guantes puestos para no mancharse las manos, empiezan el “vandalismo” o, como ellos prefieren llamarlo, su puta obra maestra. La pintura comienza a salir por las boquillas, que chorrean al frío del otoño, y salpican manchando los abrigos negros y las zapatillas.  Cuando están a punto de terminar unas luces azules aparecen a lo lejos y se acercan cada vez más. Tiran los botes y se dispersan. Cuando llega la policía ya es tarde. Nadie queda, ni rastro, salvo una pareja de novios comiéndose a besos y haciendo alguna cosa más en la oscuridad del andén. Lo único que pueden hacer es una fotografía a la prueba del delito, que reza en vivos colores para que todo el mundo pueda verlo “Fuck Christmas” y, aunque esté sin terminar, saben que no tardarán en volver para completarla desde algún lugar en la oscuridad o las alcantarillas como las ratas, en cuanto se den la vuelta y vuelvan a meterse en el coche patrulla…

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Pasando. De mierdas.


Paso. ¿Sabes? Se acabó hacer el gilipollas. Se acabó ir de perrito faldero lameculos. Se acabó ir detrás y arrastrándome. Se terminó de una puta vez. Ya me he cansado. Estoy cansado de que las cosas no salgan a derechas. Estoy cansado de que nada salga como me gustaría. Estoy cansado de putas. De niñatas, de babayadas y de polvos de una noche. Estoy cansado de despertarme un domingo y no hacer nada porque todo el mundo tiene plan con su pareja. Estoy harto de ser el último mono de esta feria. Y de magrear sapos para que sean sólo sapos. Estoy hasta la polla. A partir de ahora, le dan por el culo al mundo. Y solamente espero que le joda.