jueves, 26 de abril de 2012

Delirium Tremens


El frio de la calle congela mis ventanas y baja la temperatura de mi cuarto mientras yo en camiseta doy un respingo por el escalofrío que me deja la carne de gallina al sentirlo. La luz de un fluorescente bastante viejo que a veces parpadea ilumina un escritorio donde una estilográfica rocía un folio blanco, puro, casi angelical con pequeñas motitas de vicio y tinta negra al recargarse por unas manos manchadas de lo mismo que la manipulan cuidadosamente. Entonces la pluma comienza a deslizarse por el papel y empieza a desplegar su magia, dibujando líneas que más o menos juntas le dan profundidad a las curvas que dibujan una silueta. Delgada, con curvas no muy pronunciadas, estilizadas con el resto del cuerpo pero abundantes. Una melena. Está de espaldas, sentada abrazándose por encima de las rodillas con los pies descalzos hacia un lado. Desnuda como dejan entrever los huecos en su melena dando a entender que no lleva sostén. Es lo más natural que he visto en toda mi vida, y a la vez artificial como si no formase parte de ella, de mi vida, como si fuese de una galaxia aparte, de un mundo exterior, un ángel, por enmascararlo un poco. Me mira mientras sujeta un cigarrillo entre los dedos y me mira como sólo ella sabe con esas pupilas que tienen un efecto casi hipnótico en mi subconsciente mientras sonríe y exhala el humo después. Hablándome mientras yo dibujo su ser etéreo que poco a poco se desvanece cuando suena el despertador y yo me cago en los putos madrugones que no me dejan disfrutarla a gusto. Por suerte queda menos para sentirte cerca, real, fresca y cálida. Como cuando me muerdes el labio de esa forma que sabes que me gusta… No sé si estoy volviendo a soñar o ya me encuentro delirando… Pero estás volviendo a invadir mi mente en este preciso instante…

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